El más antiguo de los restaurantes japoneses de la ciudad, fundado el 8 de Junio de l978, donde el responsable de la cocina es nada menos que quien fuera por años cocinero de la Embajada de Japón. O sea, hay garantía de que lo que aquí se coma es auténtico japonés, por eso es costoso. Sobriedad y oscuridad en el diseño, con una sala principal en la planta baja con varios cubículos privados y en la parte superior los tatamis para comer con privacidad y sin que nadie se entere, eso sí, silenciosamente. Con justicia podemos afirmar que es la opción japonesa más seria y tradicional de la ciudad. Pocos recuerdan sus inicios en Chacaíto, cuando era el único restaurante japonés caraqueño. Luego incursionó en Chacao, con poco éxito por la mala ubicación, hasta que encontró su puesto actual. Sus espacios, sobrios y discretos con sus luces tenues, son aptos según el gusto y cultura de cada quien. Los japoneses prefieren los salones privados, hay un salón tatami con esterillas japonesas, como debe ser, una barra y la sala comedor común. La carta presenta mucho más que sushi y sashimi y es casi un inventario de los platos más representativos de las diversas regiones de Japón. Si aceptan un menú de degustación, podrán iniciar una nueva experiencia, desde la soja hasta el sake.