Amapola, es un restaurante blanco, salpicado con flores rojas y vinotinto. En el local se percibe preocupación por el diseño. Su dueña, Irina Pedroza asegura ser parte de una nueva manera de comer comida Venezolana. Es una cocina honesta, sin pretensiones, como a mí gusta comer". Su carta, breve y concisa, da cabida también a sugerencias que cambian a diario.

En el menú fijo aguardan, por ejemplo, los tequeños de queso telita, la sopa de caraotas, el caldo de res con pata de grillo, los ñoquis de apio salteados con ají dulce o el pescado al vapor con tomate margariteño grillado. Pero entre las propuestas que eventualmente invita a su carta están las versiones propias de recetas tradicionales, como el mondongo que aprendió a apreciar luego de probarlo en casa de Don Armando Scannone, donde adquiere una delicadeza y complejidad que despierta fidelidades. Ella dio con su propia versión: "Corto la panza pequeñita y la pongo al grill, por lo que queda crujiente". Los fines de semana puede tener su propia versión de la olleta de gallo  o la fosforera.